¿Existe el curuchupismo laico y liberal?
El mundo moderno está lleno de hombres que sostienen dogmas con tanta firmeza, que ni siquiera se dan cuenta de que son dogmas.
Chesterton
Aspiro a la lucidez. Temo no hallarla nunca.
Alejandra Pizarnik (diarios)
Soy católico y nunca me he sentido ofendido por el título Fuck you, curuchupa. Por eso me resultó muy interesante y oportuno el artículo de José María León la semana pasada: el curuchupa no es el que se adhiere a alguna práctica religiosa. Más allá del análisis gramatical o filológico del término, el curuchupa es el maniqueo del siglo XXI: un tipo que divide la realidad en blanco o negro, Luz y Tinieblas, al que le estorba la gente que no piensa como él. Es una persona de pereza intelectual y debilidad dialéctica que se acomoda en sus dogmas a los cuales no necesariamente los construye sobre la razonabilidad. Busca imponer, no convencer. No le gusta la conversación con gente que no sea de su secta. Vale la pena recordar que Agustín de Hipona, uno de los mayores teólogos católicos, dejó el maniqueísmo para pasarse al escepticismo antes de su conversión. Es decir, el maniqueísmo no es cristiano y –por lo tanto– el curuchupa tampoco.


